Una marcha perdida para la Virgen de la Caridad

En los años 90, en uno de mis primeros ensayos con la Banda Julián Cerdán —a la que pertenecí durante toda mi juventud—, me tocó interpretar la marcha fúnebre No llores, madre… de Marino Díaz. La pieza me cautivó al instante. Apenas comenzaba entonces mis estudios y sabía muy poco de música, pero algo me decía que aquella obra era de calidad, y que ese tal Marino Díaz no era un autor cualquiera.

Quién fue don Marino Díaz

Marino Díaz Díaz (Cebreros, Ávila, 1901 – Sevilla, 1985) fue un notable compositor y director de bandas. Se formó junto a algunas de las grandes figuras de su tiempo: Luis Emilio Vega —músico mayor del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, hoy Unidad de Música de la Guardia Real— y el genial Conrado del Campo —catedrático de Composición del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y uno de los mayores compositores españoles del siglo XX—. Fue precisamente este último quien afirmó que Marino Díaz se hallaba «en indiscutibles condiciones de autoridad y competencia para regentar una banda, con la seguridad de llevarla al terreno de las máximas perfecciones y exigencias artísticas».

Los sanluqueños tuvimos la suerte de contar con él: don Marino dirigió la Banda Municipal de Sanlúcar de Barrameda desde 1953 hasta su jubilación, en 1966, y la llevó a su más alto grado de profesionalización.

Marino Díaz Díaz, al frente de la Banda Municipal de Música de Sanlúcar, durante la Cabalgata de la Manzanilla del año 1954 (desconocemos al autor de esta fotografía).

La sorpresa: una marcha para la Patrona

Volviendo a aquel ensayo de No llores, madre…, recuerdo que le comenté a José Antonio López Odero que era una pena que don Marino, con lo bien que componía, nunca hubiera dedicado una marcha a ninguna devoción sanluqueña. López Odero era el clarinete principal de la Banda y padre del entonces director, José Antonio López Camacho. Me gustaba preguntarle cosas: había sido un músico histórico, había tocado bajo la batuta de don Marino y guardaba infinidad de anécdotas.

Y me dio una sorpresa: esa marcha sí existía.

Resulta que don Marino había dedicado a la Patrona una marcha procesional titulada Nuestra Señora de la Caridad, la cual compuso a partir de temas del Canto a Sanlúcar, canción que él mismo escribió recién llegado a la ciudad, en 1954, sobre un poema de Manuel Barbadillo.

Un solo papel superviviente

La mala noticia llegó enseguida. En el archivo de la Banda sólo se conservaba un papel de aquella marcha: la parte de clarinete 3.º. Nada más. Un vestigio anecdótico, perdido entre las miles de partituras de un archivo centenario, insuficiente incluso para imaginar cómo pudo sonar aquella música. Y del Canto a Sanlúcar, del que procedía la marcha, tampoco quedaba rastro.

Parte de clarinete 3.º de la marcha de procesión Nuestra Señora de la Caridad de Marino Díaz; lo único conservado de esta obra en el archivo de la Banda Julián Cerdán. Agradezco desde estas líneas a Juan Diego Palma Pereña, archivero de la Banda, el haberme ayudado a volver a localizar este papel.

José Antonio me explicó que don Marino compuso bastantes obras, algunas de ellas dedicadas expresamente a Sanlúcar, pero sus últimos años aquí no fueron fáciles para él, y, cuando se jubiló y se marchó, se llevó consigo buena parte de ellas.

Desde entonces se han hecho múltiples intentos de localizar a sus herederos y traer de vuelta esas partituras a nuestra ciudad. Todos infructuosos.

Hasta hoy.

El hallazgo

El año pasado, a sugerencia de Justo Manuel Jiménez Fábregas, actual director de la Banda Julián Cerdán, decidí investigar a fondo. Tras varios meses de trabajo —y gracias a la decisiva ayuda de mi amiga Ella Teresa Núñez Lucero, directora general de Relaciones Institucionales de Presidencia de la Junta de Andalucía—, di por fin con la única heredera que le queda a don Marino.

Se llama doña Julia Angustias Díaz Guerra. La Providencia quiso que la encontrara en el momento justo: estaba algo delicada de salud y le inquietaba no saber qué hacer con todas las partituras que conservaba de su querido padre. Y ahí llegué yo para ofrecerle una salida: donarlas al Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda, cosa a la que ha accedido con enorme amabilidad.

La donación ha sido posible con la aprobación del delegado municipal de Cultura, don Narciso Vital Fernández; el conocimiento de la Ilma. Sra. Alcaldesa, doña Carmen Álvarez Marín; y la colaboración de doña Esperanza Anaya Reina, jefa de servicio del Archivo Municipal.

Por mi parte, me he comprometido a inventariar y catalogar todo este fondo musical bajo estándares internacionales antes de ser depositado en el Archivo, donde quedará conservado y abierto a consulta pública. Calculo que estará listo hacia la primavera de 2027.

Reconstruir la marcha

Entre los más de cien ítems del fondo de don Marino no aparece, por desgracia, la marcha Nuestra Señora de la Caridad. Pero sí está el Canto a Sanlúcar. Y eso lo cambia todo.

Materiales del Canto a Sanlúcar conservados en el legado de Marino Díaz, ya de vuelta en Sanlúcar. Existen hasta dos partituras de esta misma obra, con ciertas diferencias entre sí: una de ellas es para voces con acompañamiento de piano; la otra, una reducción de banda con indicaciones de instrumentación. Además se incluyen diferentes partichelas.

Al cotejar el papel de clarinete 3.º de la marcha con el del mismo instrumento en el Canto, así como con la partitura general de esta última pieza —que conserva los temas completos y las indicaciones del compositor—, hemos llegado a una conclusión: es posible reconstruir la marcha con fiabilidad. Su estructura, su armonía y su instrumentación son plenamente identificables en el Canto a Sanlúcar.

Aquí una demostración visual de los temas musicales de una replicados en la otra:

Parte de clarinete 3.º del Canto a Sanlúcar.
Parte de clarinete 3.º de la marcha procesional Nuestra Señora de la Caridad.

No será un trabajo sencillo ni rápido. Se trata, en cierto modo, de rehacer el camino que el propio don Marino recorrió al transformar su Canto a Sanlúcar en una marcha para la Patrona. Pero contamos con la guía que él mismo dejó. En otras palabras: muchas de las piezas importantes del puzle ya están sobre la mesa; ahora sólo hacen falta paciencia y pericia para encajarlas.

Conviene dejar constancia de algo esencial. Emprendo esta reconstrucción con la autorización expresa de doña Julia Angustias Díaz Guerra, heredera de don Marino y, por tanto, titular de los derechos sobre su obra. Su aprobación no es un simple gesto de cortesía: es un requisito indispensable. La obra de don Marino —socio de la SGAE— continúa protegida por derechos de autor, de modo que el derecho de transformación sobre el Canto a Sanlúcar —del que parte la marcha— corresponde en exclusiva a su heredera, y sin su autorización nadie puede reconstruir ni explotar la marcha que de él se derive. En otras palabras: cualquier reconstrucción de esta marcha, la acometa quien la acometa, requiere necesariamente su autorización. Y esa autorización, afortunadamente, la tengo yo.

Una promesa para 2027

Para este 15 de agosto no llegaré a tiempo; es evidente. Pero me he comprometido con el hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Caridad, don José Esteban Galdón Barba, a que en 2027 la Virgen recupere para su patrimonio musical esta histórica marcha.

Se la dedicó un gran músico, don Marino Díaz, en los años sesenta. Seguramente sonó en su coronación canónica, en 1965. Y jamás debió perderse.

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